domingo, 24 de noviembre de 2013

El Herrero - Cuentos para volver a ser un gigante

Había una vez, un herrero, que tenia su familia, una esposa y un hijo, era un buen artesano, sabia como hacer obedecer la materia, el fuego y el metal eran su aliado, era un maestro, pero en el fondo de su corazón tenia una tristeza que lo acongojaba permanentemente desde hace algún tiempo, su hijo, aquel adolescente que crecía y se hacia hombre, pues no era productivo en la familia. El herrero un día llamo a su hijo y lo llevo a un rincón de la casa y le mostró una caja, muy bien tallada en metal, era trabajo de un maestro artesano y le dijo: - "esta caja es el secreto de nuestra familia, es el secreto de nuestra prosperidad, nuestra felicidad, me la dio mi padre y él la obtuvo de su padre y del padre de su padre, y hoy te toca tenerla a ti, pero antes de dártela vas a tener que traerme una moneda de plata que lo hayas conseguido con el sudor de tu frente". El hijo se quedó con la curiosidad de saber que había en esa caja, pero él no tenia la moneda de plata que el padre le había pedido, asi es que refunfuñando se puso a pensar de que manera podía conseguir esa moneda de plata, asi es que se le ocurrió que podía pedírselo a su madre, su mamá era una buena mujer, trabajadora, pero a la vez muy engreidora, era una fiel pensadora que su hijo aun no debería trabajar por lo joven que aun era, asi es que el hijo fue y le dijo a su madre: -"Mamá mi papá me ha mostrado una caja que la dio su papá y su papá de su papá, y dice que ahora me toca tenerla a mi, pero tengo que darle una moneda de plata y yo no tengo esa moneda", entonces la madre frunciendo el ceño contesta: -"¡Que malo es tu padre, como pedirte una moneda de plata a ti que solo eres un niño!, ten la moneda de plata y dásela a tu padre." Entonces en ese momento el hijo va corriendo a buscar a su padre, lo llama en voz alta y le entrega la moneda que le había dado su madre, pero al pedirle la caja, su padre cogió la moneda, la acerco a su nariz y la olió lentamente. Era lógico, la moneda olía al perfume de su esposa, asi es que el herrero arrojó la moneda al fuego, para lo que el hijo exclamo muy fuerte: -"¡Que haces papá, era mi moneda de plata!", y el padre, un herrero muy sabio, le respondió: -"Hijo, consígueme una moneda de plata que lo hayas conseguido con el sudor de tu frente", asi dio la vuelta y se fue.
No paso mucho tiempo antes de que al hijo se le ocurriera otra idea para conseguir la moneda de plata, y llamo a sus amigos y organizaron una fiesta con muchas bebidas, alcohol, tabaco y música, mucha música, pasaron toda la noche bailando, bebiendo y fumando... y al día siguiente, el hijo, con los malestares que deja una mala noche de juerga, se acerca a su padre y le entrega la moneda de plata,  pero al pedirle la caja, su padre cogió nuevamente la moneda, la acerco a su nariz y la olió lentamente; olía a alcohol, tabaco,  asi es que el herrero arrojó la moneda al fuego, para lo que el hijo exclamo muy fuerte: -"¡Que haces papá, era mi moneda de plata!", y el padre, un herrero muy sabio, le respondió: -"Hijo, consígueme una moneda de plata que lo hayas conseguido con el sudor de tu frente". En ese momento el hijo se dió cuenta que eso no iba a ser nada fácil, asi es que después de muchas horas de meditar, supo que hacer, tenía que crecer, tenia que madurar y para crecer y madurar hay que hacerlo en el único lugar donde se puede hacer, fuera de casa. Entonces el hijo cogió sus cosas las metió en una mochila y se fué, se fué sin saber a donde, y sus pies se volvieron sabios, pues lo llevaron a donde tenia que llegar y fue asi que luego de tanto viajar, luego de tanto caminar llego a un herrero, eran un viejo herrero, ya abatido por la edad y preso de las arrugas, que con mucha voluntad pero con poca fuerza trabajaba el metal, asi es que necesitaba ayuda y asi fue que este joven decidió trabajar con este anciano herrero, pero había algo malo en este herrero, era muy avaro y solo le pagaba una moneda de cobre por semana, y en ese entonces una moneda de plata equivalía a 100 monedas de cobre, pero eso no le importo y se puso a trabajar duramente aprendiendo todos los secretos del metal, del fuego, de la artesanía, de ese don que tenia este viejo herrero y asi juntó todas sus monedas sin gastar ni una sola, hasta que consiguió las cien monedas de cobre.
Había pasado mucho tiempo desde que se fué de su casa cuando decidió volver, cogió sus cosas y partió de vuelta a casa. Al llegar, fue corriendo a abrazar a su madre a decirle lo mucho que la había extrañado y luego fue a su padre y le entrego una bolsita de cuero que contenía las 100 monedas de cobre, el padre lo vio extrañado y el hijo con un rostro de satisfacción le dijo:-"No es una moneda de plata pero es su equivalente en monedas de cobre, ahí hay cien, por favor cuéntalas", entonces el padre saco las monedas de aquella bolsita de cuero y las acercó a su nariz y las olió lentamente; olía al metal fundido, olía a yunque, de pronto las arrojo al fuego y el hijo se desespero y comenzó a exclamar: "¡Porque hiciste eso!" y de inmediato intentó meterse al fuego para salvar sus monedas, en ese preciso momento el padre se le acerco lo cogió de los hombros y le dijo serenamente: "ven acá hijo mío, ten cuidado que te puedes quemar, ahora sé que si eres capaz de meter tus manos al fuego por salvar tus monedas, es porque sí eres digno y haz conseguido esa plata con el sudor de tu frente" y así lo llevo hacia el mismo rincón de la casa y sacó esa caja de metal, muy bien hecha, era un excelente trabajo de artesano y se la entrego a su hijo, él muy emocionado ya quería abrir la caja, pero justo en el preciso momento en que lo iba a abrir, supo lo que había en su interior, pues sí, como juguetes de metal, había un pequeño yunque, una pinza, un martillo, un fuelle, las herramientas del artesano, el hijo emocionado cerro la caja y la conservo toda su vida, fue un gran herrero como su padre, después la paso a su hijo y al hijo de su hijo, para una gran tradición y rio milenario que fue de generación en generación de los artesanos del mundo...

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